«¿Qué te pide Dios a ti, hoy, en esta Venezuela?» Vive el Misterio Caracas 2026

Los días 6 y 7 de febrero, más de noventa integrantes del Regnum Christi en Caracas se dieron cita en el Instituto Andes para vivir una experiencia que fue mucho más que un taller: «Vive el Misterio» fue una invitación a conocer, asimilar y encarnar el carisma del Regnum Christi como camino de renovación espiritual y apostólica.

Un llamado que nos reúne y nos envía

Bajo el lema ¡Aquí estoy, porque me has llamado!, la jornada planteó una pregunta que cada participante debía acoger y responder con el corazón antes de despedirse. ¿Qué te pide Dios a ti, hoy, en esta Venezuela?

Desde el inicio, Francisco Gámez ofreció una mirada lúcida y honesta sobre la historia de la Iglesia en Venezuela: sus heridas, sus desafíos y su vigencia. Al escucharlo, algo se afirmó en el ambiente. Era necesario reconocer ese suelo, con sus luces y sombras, para comprender desde dónde se evangeliza hoy.

La singularidad del encuentro se hizo evidente en el auditorio. Legionarios de Cristo, Consagradas del Regnum Christi, jóvenes, adultos y matrimonios compartieron el mismo espacio, las mismas mesas y las mismas preguntas. No hubo jerarquías de asientos ni de voces. La diversidad no fue un obstáculo, sino el punto de partida para caminar juntos desde una misma misión.

Vive el Misterio Caracas 2026 fue un espacio sin jerarquías de asientos, pero sí con la certeza de que todos somos parte de la misma obra.

Verse como los demás te ven

Los talleres por secciones abrieron algo que pocas veces tiene espacio en la vida ordinaria: la posibilidad de contemplarse a través de los ojos del otro y sentarse a conversar sobre ello. Que cada sección pudiera evaluar y compartir la percepción que tiene de las demás, para luego preguntarse juntos cómo trabajar mejor en conjunto, convirtió a Vive el Misterio en un verdadero ejercicio de comunión y de confianza.

Uno de los asistentes lo expresó con sencillez: «Lo más importante fue compartir con otras realidades del Regnum Christi y profundizar en la fe, sin quedarse en lo más básico. Estar juntos, conocernos y compartir».

El cierre: una certeza que no se improvisa

La misa dominical puso punto final al encuentro. Los participantes salieron, según describieron los organizadores, con el alma nutrida, pero también con algo más difícil de nombrar: la certeza de que la vocación no se vive en solitario.

«La importancia de tomarnos un momento para detenernos, evaluarnos y pensar la manera de avanzar en nuestra vocación y misión», resumió uno de los asistentes al despedirse. Una frase breve que, en el fondo, lo decía todo.

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