«Nunca esperé reencontrarme con Dios»: José Daniel, de Bogotá, tras participar en las catequesis de confirmación del Regnum Christi

Lo que comenzó para algunos como un requisito, terminó convirtiéndose en un verdadero camino de conversión. Recientemente, 40 jóvenes y adultos de Bogotá recibieron el sacramento de la confirmación tras participar en una serie de nueve catequesis organizadas por la sección de jóvenes del Regnum Christi de esta localidad. Durante un semestre, los padres César Pérez LC y Christian Martínez LC, junto con monseñor Rafael de Brigard (vicario episcopal de la Arquidiócesis) acompañaron a quienes se preparaban para este sacramento en un recorrido por los fundamentos de la fe católica y, sobre todo, por las inquietudes más profundas de cada uno.

No todos llegaron convencidos

José Daniel, de 20 años, lo dice sin rodeos: vino porque su mamá quería verlo confirmado. «Al principio de la catequesis nunca esperé reencontrarme con Dios», confiesa. Pero algo cambió cuando entró al salón y se encontró con el P. Christian y el P. César. Lo describe como si Dios hubiera puesto guías en su camino: «primero gateando, luego caminando, y hoy en día corriendo, con ganas de conocer a Dios».

Esa transformación silenciosa fue ocurriendo sesión a sesión. José Daniel volvió a la misa, empezó a escuchar la Palabra de otra manera, a sentir cada momento de la eucaristía.

Cuando Dios aprovecha los momentos difíciles

Mariana Arizmendi atravesaba en ese momento lo que describe como una etapa intensa de purificación personal, aunque al principio no lo veía así. «Creo plenamente que Dios aprovecha cada bache para redireccionarnos», reflexiona hoy, «mientras nos despoja de todo lo demás en la medida que se lo permitamos». Cuando llegó al proceso de formación, no imaginaba lo que vendría: «jamás me imaginé todo lo que Dios tenía preparado para mí por medio del sacramento de la confirmación», dice.

La catequesis también fue un espacio de comunidad. Muchos de los asistentes llegaron solos y encontraron en el grupo una red de personas que compartían algo difícil de describir. Para Mariana, estar rodeada de personas que reflejaban el amor de Jesús fue tan formativo como la doctrina misma: «aprendí cosas que daba por sentadas y por las cuales me siento muy agradecida», cuenta. Y agrega algo que resume bien lo que muchos vivieron: «siempre pensé que mi fe ya había llegado al último nivel, pero estaba equivocada y Dios logro sorprenderme».

El día que el alivio llegó 

José Daniel recuerda haber tenido los ojos húmedos desde mucho antes de acercarse al altar. «La emoción de sentirme confesado, volver a comulgar, me llenaba cada espacio vacío de mi corazón», dice. Durante toda la liturgia sintió algo físico, como un peso sobre los hombros. Lo interpretó como una voz que le decía: sigue por este camino, que yo te acompañaré. Cuando por fin recibió el sacramento, esa presión cedió: «sentí un alivio gigante. Volví a sentir a Dios en mí».

«Hay un antes y un después frente al sello que se recibe por parte del Espíritu Santo», dice Mariana. No lo dice con euforia. Lo dice con la calma de quien ha comprobado algo. Porque como ella señala, este no es un camino que termina con una ceremonia: «es un camino que deja una huella profunda a quien se anime a vivirlo con toda la disposición de dejar entrar al amor de los amores».

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