Nos acercamos con alegría y esperanza a la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, una oportunidad única para dejarnos abrazar por el amor que brota del Corazón traspasado del Señor. Esta devoción, profundamente arraigada en la vida de la Iglesia, nos invita a contemplar el misterio de un Dios que nos amó hasta el extremo y que, cada día, sigue llamándonos a vivir como respuesta a ese amor.
Permanecer en el amor de Dios no significa quedarnos quietos. El amor verdadero siempre nos pone en camino, nos transforma, nos mueve a salir de nosotros mismos, a confiar más, a perdonar, servir y amar como Cristo ama. El Corazón de Jesús no es un refugio para la pasividad, sino una fuente viva que impulsa nuestra vida y renueva nuestro corazón.
Durante esta novena, queremos caminar junto al Sagrado Corazón de Jesús, dejándonos tocar por su ternura y aprendiendo a permanecer en Él con una fe viva y en movimiento. Que cada día sea una oportunidad para acercarnos más a su Corazón y descubrir que, cuando permanecemos en su amor, nuestra vida también se convierte en signo de amor para los demás.
V. Cuando estábamos muertos por nuestros pecados, Dios nos vivificó con Cristo.
R. Por el gran amor con que nos amó.
V. En Él está la fuente viva.
R. Y nos da a beber del torrente de su gracia.
ORACIÓN INICIAL
Señor Dios, que has querido que el Corazón traspasado de tu Hijo sea para nosotros fuente de misericordia y de gracia, te pedimos que nos enseñes a permanecer en Él, pues su Corazón «es el núcleo viviente del primer anuncio. Allí está el origen de nuestra fe, el manantial que mantiene vivas las convicciones cristianas y la fuente de todo amor y de toda gracia». (Dilexit nos, n. 32)
EVANGELIO (Mt 11, 28) – (Jn 15,4-5)
Venid a mí, todos los que están cansados y agobiados por la carga y yo los aliviaré.
El que permanece en mí y yo en él, ese da mucho fruto.
REFLEXIÓN
El Corazón de Cristo no quiere que vivamos separados de Él, nos invita a regresar una y otra vez a su presencia, nos busca en el camino como a los discípulos de Emaús (cf. Lc 24,13) y también en los “pozos” donde vamos a saciar nuestra sed, como la mujer samaritana (cf. Jn 4,5). No importa dónde nos encontremos, sabemos que «su Corazón abierto nos precede y nos espera sin condiciones, sin exigir un requisito previo para poder amarnos y proponernos su amistad: “nos amó primero” (1 Jn 4,10)». (Dilexit nos, n. 1)
ORACIÓN FINAL
Señor, te pedimos que cuando andemos por caminos que nos alejan de ti y busquemos saciar nuestra sed de felicidad en cisternas rotas (cf. Jr 2), irrumpas en nuestras vidas, para que volviendo al amor de tu Corazón, te elijamos como el único necesario y orientemos toda nuestra vida a permanecer en ti y nos transformes en testigos de tu amor.
Reino del Corazón de Jesucristo
Establécete en mi corazón
V. Cuando estábamos muertos por nuestros pecados, Dios nos vivificó con Cristo.
R. Por el gran amor con que nos amó.
V. En Él está la fuente viva.
R. Y nos da a beber del torrente de su gracia.
ORACIÓN INICIAL
Señor Dios, que has querido que el Corazón traspasado de tu Hijo sea para nosotros fuente de misericordia y de gracia, te pedimos que nos enseñes a permanecer en Él, pues su Corazón «es el núcleo viviente del primer anuncio. Allí está el origen de nuestra fe, el manantial que mantiene vivas las convicciones cristianas y la fuente de todo amor y de toda gracia». (Dilexit nos, n. 32)
EVANGELIO (Jn 7, 37-39)
El último día, el más solemne de la fiesta, Jesús, poniéndose de pie, exclamó: “El que tenga sed, venga a mí; y beba el que cree en mí”. Como dice la Escritura: “De su seno brotarán manantiales de agua viva”. Él se refería al Espíritu que debían recibir los que creyeran en él.
REFLEXIÓN
«Volvamos ahora los ojos al Espíritu Santo, que colma el Corazón de Cristo y arde en él. Porque, como decía san Juan Pablo II, el Corazón de Cristo es “la obra maestra del Espíritu Santo”. (…) Es el Espíritu el que ayuda a captar la riqueza del signo del costado traspasado de Cristo, del que nació la Iglesia». (Dilexit nos, n. 75)
«Su costado herido, que interpretamos como su corazón, está lleno del Espíritu Santo y desde él llega a nosotros como ríos de agua viva: “La fuente del Espíritu está enteramente en Cristo”. Pero el Espíritu que recibimos no nos aleja del Señor resucitado, sino que nos llena de él, porque bebiendo del Espíritu bebemos al mismo Cristo». (Dilexit nos, n. 102)
ORACIÓN FINAL
Corazón de Jesús, te pedimos que al acercarnos a beber el Espíritu que brota de tu corazón, nos sumerjas en esos manantiales que van derramando tu gracia y tu salvación en el mundo entero.
Espíritu del Corazón de Jesús
Derrámate en mi corazón
V. Cuando estábamos muertos por nuestros pecados, Dios nos vivificó con Cristo.
R. Por el gran amor con que nos amó.
V. En Él está la fuente viva.
R. Y nos da a beber del torrente de su gracia.
ORACIÓN INICIAL
Señor Dios, que has querido que el Corazón traspasado de tu Hijo sea para nosotros fuente de misericordia y de gracia, te pedimos que nos enseñes a permanecer en Él, pues su Corazón «es el núcleo viviente del primer anuncio. Allí está el origen de nuestra fe, el manantial que mantiene vivas las convicciones cristianas y la fuente de todo amor y de toda gracia». (Dilexit nos, n. 32)
EVANGELIO (Jn 6, 56)
El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él.
REFLEXIÓN
Cómo no reconocer en la Eucaristía el amor gratuito, humilde y cercano del Corazón de Cristo. Es a los pies de la Eucaristía donde nos recibe para descansar en Él (cf. Mt 11,28), donde nos alimenta para el camino y enciende nuestros corazones (cf. Lc 24). Es por la Eucaristía que nos transformamos junto a Jesús en pan partido y repartido para nuestros hermanos.
ORACIÓN FINAL
Jesucristo, que «en medio de la vorágine del mundo actual y de nuestra obsesión por el tiempo libre, el consumo y la distracción, los teléfonos y las redes sociales, no olvidemos alimentar nuestra vida con la fuerza de la Eucaristía». (Dilexit nos, n. 84)
Corazón Eucarístico de Jesucristo
Acógeme en tu Corazón
V. Cuando estábamos muertos por nuestros pecados, Dios nos vivificó con Cristo.
R. Por el gran amor con que nos amó.
V. En Él está la fuente viva.
R. Y nos da a beber del torrente de su gracia.
ORACIÓN INICIAL
Señor Dios, que has querido que el Corazón traspasado de tu Hijo sea para nosotros fuente de misericordia y de gracia, te pedimos que nos enseñes a permanecer en Él, pues su Corazón «es el núcleo viviente del primer anuncio. Allí está el origen de nuestra fe, el manantial que mantiene vivas las convicciones cristianas y la fuente de todo amor y de toda gracia». (Dilexit nos, n. 32)
EVANGELIO (Lc 10, 38-39)
Mientras iban caminando, Jesús entró en un pueblo, y una mujer que se llamaba Marta lo recibió en su casa. Tenía una hermana llamada María, que sentada a los pies del Señor, escuchaba su Palabra.
REFLEXIÓN
Permanecer en Cristo es también permanecer a la escucha de su Palabra, es dejarnos interpelar diariamente por la lectura y meditación de la Sagrada Escritura dejando que nos ilumine, nos renueve y discierna nuestros pensamientos y revele las intenciones de nuestro corazón (Cfr. Hb 4,12).
Él mismo nos dijo: «Si ustedes permanecen fieles a mi palabra, serán verdaderamente mis discípulos, conocerán la verdad y la verdad los hará libres». (Jn 8,31-32)
ORACIÓN FINAL
Corazón de Jesús, enséñanos a escuchar tu Palabra, permaneciendo en un silencio atento y contemplativo, y una vez transformados en ella, anunciemos con gozo a nuestros hermanos la experiencia de tu amor.
Palabra del Corazón de Jesucristo
Habla a mi corazón
V. Cuando estábamos muertos por nuestros pecados, Dios nos vivificó con Cristo.
R. Por el gran amor con que nos amó.
V. En Él está la fuente viva.
R. Y nos da a beber del torrente de su gracia.
ORACIÓN INICIAL
Señor Dios, que has querido que el Corazón traspasado de tu Hijo sea para nosotros fuente de misericordia y de gracia, te pedimos que nos enseñes a permanecer en Él, pues su Corazón «es el núcleo viviente del primer anuncio. Allí está el origen de nuestra fe, el manantial que mantiene vivas las convicciones cristianas y la fuente de todo amor y de toda gracia». (Dilexit nos, n. 32)
EVANGELIO (Jn 3, 3-7)
Jesús le respondió: «Te aseguro que el que no renace de lo alto no puede ver el Reino de Dios». Nicodemo le preguntó: «¿Cómo un hombre puede nacer cuando ya es viejo? ¿Acaso puede entrar por segunda vez en el seno de su madre y volver a nacer?». Jesús le respondió: «Te aseguro que el que no nace del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es espíritu. No te extrañes de que te haya dicho: «Ustedes tienen que renacer de lo alto».
REFLEXIÓN
«Los anuncios mesiánicos fueron tomando la forma de un manantial de agua purificadora: “Los rociaré con agua pura, y ustedes quedarán purificados […] pondré en ustedes un espíritu nuevo” (Ez 36,25-26). Es el agua que devolverá al pueblo una existencia plena, como una fuente que brota del templo y derrama vida y salud a su paso: “Vi que a la orilla del torrente, de uno y otro lado, había una inmensa arboleda. […] Hasta donde llegue el torrente, tendrán vida todos los seres vivientes […] cuando esta agua llegue hasta el Mar, sus aguas quedarán saneadas, y habrá vida en todas partes adonde llegue el torrente” (Ez 47,7.9)». (Dilexit nos, n. 93)
ORACIÓN FINAL
Corazón de Jesús, danos la gracia de reconocer nuestros pecados y convertirnos de corazón, para que podamos acudir a tus sacramentos que son la fuente de la gracia y misericordia que nos llegan a través de ti, desde el corazón misericordioso del Padre.
Misericordia del Corazón de Jesucristo
Perdona mi corazón
V. Cuando estábamos muertos por nuestros pecados, Dios nos vivificó con Cristo.
R. Por el gran amor con que nos amó.
V. En Él está la fuente viva.
R. Y nos da a beber del torrente de su gracia.
ORACIÓN INICIAL
Señor Dios, que has querido que el Corazón traspasado de tu Hijo sea para nosotros fuente de misericordia y de gracia, te pedimos que nos enseñes a permanecer en Él, pues su Corazón «es el núcleo viviente del primer anuncio. Allí está el origen de nuestra fe, el manantial que mantiene vivas las convicciones cristianas y la fuente de todo amor y de toda gracia». (Dilexit nos, n. 32)
EVANGELIO (Mt 14, 22-23)
En seguida, obligó a los discípulos que subieran a la barca y pasaran antes que él hacia la otra orilla, mientras él despedía a la multitud. Después, subió a la montaña para orar a solas. Y al atardecer, todavía estaba allí, solo.
REFLEXIÓN
El Corazón de Jesús permanece en constante oración y desde ahí vive su entrega y misión. Pasa toda la noche en oración al Padre antes de elegir a sus discípulos (cf. Lc 6,12); lo alaba en medio de su predicación, al darse cuenta de que se revela a los pequeños y sencillos (cf. Mt 11,25-26); agradece al Padre porque sabe que siempre lo escucha (cf. Jn 11,41); invita a otros a subir el monte para orar y los fortalece en su fe (cf. Lc 9,28-29); ruega al Padre por todos nosotros desde su Corazón sacerdotal (cf. Jn 17), ora más intensamente en su agonía (cf. Mt 26,36) y por el perdón de sus verdugos (cf. Lc 23,34) y finalmente entrega su Espíritu en una profunda oración de confianza y abandono (cf. Mt 27)
ORACIÓN FINAL
Corazón de Jesús, enséñanos a permanecer en la oración que elevas al Padre en la liturgia, así como en la adoración y acción de gracias, la intercesión y al pedir perdón. Pues el discípulo que ora, nunca se marchita y vive unido a la fuente que fecunda la misión por el Reino.
Oración del Corazón de Jesucristo
Enséñame a orar
V. Cuando estábamos muertos por nuestros pecados, Dios nos vivificó con Cristo.
R. Por el gran amor con que nos amó.
V. En Él está la fuente viva.
R. Y nos da a beber del torrente de su gracia.
ORACIÓN INICIAL
Señor Dios, que has querido que el Corazón traspasado de tu Hijo sea para nosotros fuente de misericordia y de gracia, te pedimos que nos enseñes a permanecer en Él, pues su Corazón «es el núcleo viviente del primer anuncio. Allí está el origen de nuestra fe, el manantial que mantiene vivas las convicciones cristianas y la fuente de todo amor y de toda gracia». (Dilexit nos, n. 32)
EVANGELIO (Mt 25, 37-40)
Los justos le responderán: «Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; sediento, ¿y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos de paso, y te alojamos; desnudo, ¿y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o preso, y fuimos a verte?». Y el Rey les responderá: «Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo».
REFLEXIÓN
Cristo se identifica con cada persona en este mundo. Vivir amando y sirviendo a nuestros hermanos que forman el Cuerpo Místico de Cristo, es también permanecer en Él, que «tomó nuestras debilidades y cargó sobre sí nuestras enfermedades» (Mt 8,17). Ver a Cristo presente en los demás nos impulsa a amar más generosamente y vivir nuestra misión en profunda unión con su Corazón, que toma para sí, lo hecho a cada uno de los más pequeños.
ORACIÓN FINAL
Corazón de Jesús, que sigues presente a través de la humanidad que has querido asumir en tu misma persona, te pedimos que enciendas tu caridad en nosotros para acercarnos a cada persona, en su realidad concreta, con el bálsamo de tu amor.
Celo del Corazón de Jesucristo
Abraza mi corazón
V. Cuando estábamos muertos por nuestros pecados, Dios nos vivificó con Cristo.
R. Por el gran amor con que nos amó.
V. En Él está la fuente viva.
R. Y nos da a beber del torrente de su gracia.
ORACIÓN INICIAL
Señor Dios, que has querido que el Corazón traspasado de tu Hijo sea para nosotros fuente de misericordia y de gracia, te pedimos que nos enseñes a permanecer en Él, pues su Corazón «es el núcleo viviente del primer anuncio. Allí está el origen de nuestra fe, el manantial que mantiene vivas las convicciones cristianas y la fuente de todo amor y de toda gracia». (Dilexit nos, n. 32)
EVANGELIO (Jn 19, 34)
Uno de los soldados le atravesó el costado con la lanza, y en seguida brotó sangre y agua.
REFLEXIÓN
Permanecer en la cruz es permanecer en la experiencia del amor misericordioso de Jesús que se entregó, incluso a la muerte, para demostrarnos su amor: «Nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos» (Jn 15,13) «De la herida del costado de Cristo sigue brotando ese río que jamás se agota, que no pasa, que se ofrece una y otra vez para quien quiera amar. Sólo su amor hará posible una humanidad nueva». (Dilexit nos, n. 219).
«Si contemplamos la entrega de Cristo por todos, se nos vuelve inevitable preguntarnos por qué no somos capaces de dar la vida por los demás: “En esto hemos conocido el amor: en que él entregó su vida por nosotros. Por eso, también nosotros debemos dar la vida por nuestros hermanos” (1 Jn 3,16)». (Dilexit nos, n. 171)
ORACIÓN FINAL
Permítenos, Padre, la gracia de permanecer al pie de la Cruz de Jesús como lo hicieron María, su madre, Juan el discípulo amado y María Magdalena, la primera testigo de tu resurrección. Para que, contemplando tu amor desde la intimidad del Corazón de tu Hijo, nos convirtamos en apóstoles creíbles de tu resurrección en medio de nuestros hermanos.
Corazón traspasado de Jesucristo
Abraza mi corazón
V. Cuando estábamos muertos por nuestros pecados, Dios nos vivificó con Cristo.
R. Por el gran amor con que nos amó.
V. En Él está la fuente viva.
R. Y nos da a beber del torrente de su gracia.
ORACIÓN INICIAL
Señor Dios, que has querido que el Corazón traspasado de tu Hijo sea para nosotros fuente de misericordia y de gracia, te pedimos que nos enseñes a permanecer en Él, pues su Corazón «es el núcleo viviente del primer anuncio. Allí está el origen de nuestra fe, el manantial que mantiene vivas las convicciones cristianas y la fuente de todo amor y de toda gracia». (Dilexit nos, n. 32)
EVANGELIO (Mt 11, 29)
Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy manso y humilde de corazón, y así encontrarán alivio.
REFLEXIÓN
«Muchas veces los sufrimientos tienen que ver con el propio ego herido, pero es precisamente la humildad del Corazón de Cristo la que nos indica el camino del abajamiento. Dios ha querido llegar a nosotros anonadándose, empequeñeciéndose. Ya lo enseña el Antiguo Testamento a través de distintas metáforas que muestran a un Dios que entra en las pequeñeces de la historia y se deja rechazar por su pueblo. Su amor se entremezcla en la vida cotidiana del pueblo amado y se vuelve mendigo de una respuesta, como pidiendo permiso para mostrar su gloria. Por otra parte, “quizá una sola vez el Señor Jesús nos ha llamado con sus palabras al propio corazón. Y ha puesto de relieve este único rasgo: ‘mansedumbre y humildad’. Como si quisiera decir que sólo por este camino quiere conquistar al hombre”. Cuando Cristo dijo: “aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón” (Mt 11,29) nos indicó que “para expresarse necesita nuestra pequeñez, nuestro abajamiento”». (Dilexit nos, n. 202)
ORACIÓN FINAL
Señor, concédenos el don de comprender la fecundidad que encierra una vida que abraza tu mansedumbre y humildad, para que optando por vivir de esta manera, seamos discípulos auténticos de lo más propio de tu Corazón.
Humildad del Corazón de Jesucristo
Modela mi corazón
Jueves 11 de junio
6:30 pm. Misa solemne – 7:15 pm. Adoración
Colegio Cumbres
Viernes 12 de junio
7:00 pm. Eucaristía y Adoración
Viernes 12 de junio
6:00 pm.
Parroquia Nuestra Señora de la Consolación