Este año celebramos la solemnidad de Cristo Rey contemplando al Señor a la luz de las bienaventuranzas. Contemplamos al rey esperado junto a los limpios de corazón, que verán a Dios, y al rey pobre y humilde con los pobres de espíritu. Lo vemos manso entre los mansos y rey de justicia con quienes tienen hambre y sed de ella. Es rey de vida eterna para los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos; rey redentor para los que lloran; rey de la paz para quienes trabajan por ella, y rey de misericordia para los misericordiosos. Al final lo reconocemos como Rey de reyes, al lado de quienes son injuriados y perseguidos por su causa.
Vivir las bienaventuranzas es vivir como Cristo, que es el Reino en persona. Por ese camino su reino se hace presente en el mundo. ¡Viva Cristo Rey!
Esta novena nos invita a renovar nuestra fe y a reconocer a Cristo como Rey de nuestras vidas, de nuestras familias y de la sociedad, acogiendo su Reino de verdad, amor y misericordia.
• ORACIÓN INICIAL
Señor Jesucristo,
Rey del universo y de nuestros corazones, tú que viniste a reconciliarlo todo en ti y a instaurar el Reino de verdad y de vida, de santidad y de gracia, de justicia, de amor y de paz, te reconocemos como nuestro único Señor.
Queremos que reines en nuestras vidas, en nuestras familias y en la sociedad. Concédenos vivir en comunión fraterna, siendo corresponsables en la misión de hacer presente tu Reino con alegría, entrega y fidelidad. Haz que, siguiendo tu ejemplo de humildad y servicio, trabajemos por una sociedad más justa y fraterna, donde todos reconozcan tu señorío y encuentren en ti la verdadera paz.
Así sea.
• EVANGELIO (Lucas 1, 30-33)
«Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios. Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin».
• Reflexión
Jesucristo es el Rey esperado, el Mesías prometido. Solo en Él se encuentra la verdadera luz, la esperanza de la salvación de un Dios que revela su majestad haciéndose presente en medio de nosotros, que muestra su rostro y habita en quienes le abren el corazón.
• Oración final
Señor Jesús, haz nuestros corazones mansos y humildes como el tuyo, para que, rendidos a tu amor y revestidos con tu bondad y tu dulzura, seamos instrumentos de tu paz en el mundo y alcancemos la herencia de tu Reino.
Cristo, Rey nuestro,
¡Venga tu Reino!
• ORACIÓN INICIAL
Señor Jesucristo,
Rey del universo y de nuestros corazones, tú que viniste a reconciliarlo todo en ti y a instaurar el Reino de verdad y de vida, de santidad y de gracia, de justicia, de amor y de paz, te reconocemos como nuestro único Señor.
Queremos que reines en nuestras vidas, en nuestras familias y en la sociedad. Concédenos vivir en comunión fraterna, siendo corresponsables en la misión de hacer presente tu Reino con alegría, entrega y fidelidad. Haz que, siguiendo tu ejemplo de humildad y servicio, trabajemos por una sociedad más justa y fraterna, donde todos reconozcan tu señorío y encuentren en ti la verdadera paz.
Así sea.
• EVANGELIO (Mateo 2, 1-2)
«Después de nacer Jesús en Belén de Judea, en tiempos del rey Herodes, unos sabios del oriente llegaron a Jerusalén, preguntando: ¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto su estrella y venimos a adorarle».
• REFLEXIÓN
En Jesucristo contemplamos el misterio de un Dios que, siendo rico, se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza (cfr. 2 Cor 8,9). Asumiendo nuestra humanidad, Él comparte con nosotros su riqueza: la confianza ilimitada en Dios padre (cfr. Rom 8, 29). «Dios mismo se hizo pobre, nació en carne como nosotros, lo hemos conocido en la pequeñez de un niño colocado en un pesebre y en la extrema humillación de la cruz, allí compartió nuestra pobreza radical, que es la muerte» (Papa León XIV, Dilexi te, 16).
• ORACIÓN FINAL
Señor Jesús, haz nuestros corazones mansos y humildes como el tuyo, para que, rendidos a tu amor y revestidos con tu bondad y tu dulzura, seamos instrumentos de tu paz en el mundo y alcancemos la herencia de tu Reino.
Cristo, Rey nuestro,
¡Venga tu Reino!
• ORACIÓN INICIAL
Señor Jesucristo,
Rey del universo y de nuestros corazones, tú que viniste a reconciliarlo todo en ti y a instaurar el Reino de verdad y de vida, de santidad y de gracia, de justicia, de amor y de paz, te reconocemos como nuestro único Señor.
Queremos que reines en nuestras vidas, en nuestras familias y en la sociedad. Concédenos vivir en comunión fraterna, siendo corresponsables en la misión de hacer presente tu Reino con alegría, entrega y fidelidad. Haz que, siguiendo tu ejemplo de humildad y servicio, trabajemos por una sociedad más justa y fraterna, donde todos reconozcan tu señorío y encuentren en ti la verdadera paz.
Así sea.
• EVANGELIO (Juan 12, 13-15)
«Tomaron ramas de palmera y salieron a recibirle, y clamaban: ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor, el Rey de Israel! Y halló Jesús un asnillo, y montó sobre él, como está escrito: No temas, hija de Sion; he aquí tu Rey, viene montado sobre un pollino de asna».
• REFLEXIÓN
Con su entrada triunfante, pero humilde, a Jerusalén, Jesucristo nos enseña que su Reino no avanza con la fuerza de las armas ni del poder, sino con la mansedumbre de la verdad que convence desde dentro. La mansedumbre no es debilidad, sino una fuerza interior que vence el mal sin recurrir a la violencia. La majestad de Cristo es la mansedumbre del amor que se entrega, un amor tierno y cercano que no se impone, sino que atrae, transforma y conquista los corazones.
• ORACIÓN FINAL
Señor Jesús, haz nuestros corazones mansos y humildes como el tuyo, para que, rendidos a tu amor y revestidos con tu bondad y tu dulzura, seamos instrumentos de tu paz en el mundo y alcancemos la herencia de tu Reino.
Cristo, Rey nuestro,
¡Venga tu Reino!
• ORACIÓN INICIAL
Señor Jesucristo,
Rey del universo y de nuestros corazones, tú que viniste a reconciliarlo todo en ti y a instaurar el Reino de verdad y de vida, de santidad y de gracia, de justicia, de amor y de paz, te reconocemos como nuestro único Señor.
Queremos que reines en nuestras vidas, en nuestras familias y en la sociedad. Concédenos vivir en comunión fraterna, siendo corresponsables en la misión de hacer presente tu Reino con alegría, entrega y fidelidad. Haz que, siguiendo tu ejemplo de humildad y servicio, trabajemos por una sociedad más justa y fraterna, donde todos reconozcan tu señorío y encuentren en ti la verdadera paz.
Así sea.
• EVANGELIO (Mateo 25, 31-36)
«Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria, con todos sus ángeles, se sentará en su trono glorioso. Todas las naciones se reunirán delante de él, y él separará a unos de otros, como separa el pastor las ovejas de las cabras. Pondrá las ovejas a su derecha, y las cabras a su izquierda. Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí».
• REFLEXIÓN
Cristo es Rey de justicia. Su ley es la caridad. Su modo de gobernar: la entrega total de sí mismo. La medida de su juicio: el amor al prójimo. En Cristo, la justicia se vive como misericordia y solidaridad, invitándonos a reconocerle y servirle en los más necesitados. Así, su majestad se revela en el poder del amor que transforma y dignifica a cada persona. «En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis».
• ORACIÓN FINAL
Señor Jesús, haz nuestros corazones mansos y humildes como el tuyo, para que, rendidos a tu amor y revestidos con tu bondad y tu dulzura, seamos instrumentos de tu paz en el mundo y alcancemos la herencia de tu Reino.
Cristo, Rey nuestro,
¡Venga tu Reino!
• ORACIÓN INICIAL
Señor Jesucristo,
Rey del universo y de nuestros corazones, tú que viniste a reconciliarlo todo en ti y a instaurar el Reino de verdad y de vida, de santidad y de gracia, de justicia, de amor y de paz, te reconocemos como nuestro único Señor.
Queremos que reines en nuestras vidas, en nuestras familias y en la sociedad. Concédenos vivir en comunión fraterna, siendo corresponsables en la misión de hacer presente tu Reino con alegría, entrega y fidelidad. Haz que, siguiendo tu ejemplo de humildad y servicio, trabajemos por una sociedad más justa y fraterna, donde todos reconozcan tu señorío y encuentren en ti la verdadera paz.
Así sea.
• EVANGELIO (Juan 18, 36-37)
«Tu nación, y los principales sacerdotes, te han entregado a mí. ¿Qué has hecho? Respondió Jesús: “Mi Reino no es de este mundo. Si mi Reino fuese de este mundo, mi gente habría combatido para que no fuese entregado a los judíos: pero mi Reino no es de aquí”. Entonces Pilato le dijo: “¿Luego tú eres Rey?”. Respondió Jesús: “Sí, como dices, soy Rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad”».
• REFLEXIÓN
La realeza de Cristo va más allá de los parámetros humanos. «Jesús es Rey, pero su reino no es de este mundo. El mundo de Jesús, de hecho, es el nuevo, el eterno, que Dios prepara para todos dando su vida por nuestra salvación. Es el reino de los cielos, que Cristo trae a la tierra derramando gracia y verdad. El mundo, del cual Jesús es Rey, redime la creación arruinada por el mal con el poder del amor divino que libera y perdona, que da paz y justicia» (Francisco, Ángelus, 24 de noviembre de 2024).
• ORACIÓN FINAL
Señor Jesús, haz nuestros corazones mansos y humildes como el tuyo, para que, rendidos a tu amor y revestidos con tu bondad y tu dulzura, seamos instrumentos de tu paz en el mundo y alcancemos la herencia de tu Reino.
Cristo, Rey nuestro,
¡Venga tu Reino!
• ORACIÓN INICIAL
Señor Jesucristo,
Rey del universo y de nuestros corazones, tú que viniste a reconciliarlo todo en ti y a instaurar el Reino de verdad y de vida, de santidad y de gracia, de justicia, de amor y de paz, te reconocemos como nuestro único Señor.
Queremos que reines en nuestras vidas, en nuestras familias y en la sociedad. Concédenos vivir en comunión fraterna, siendo corresponsables en la misión de hacer presente tu Reino con alegría, entrega y fidelidad. Haz que, siguiendo tu ejemplo de humildad y servicio, trabajemos por una sociedad más justa y fraterna, donde todos reconozcan tu señorío y encuentren en ti la verdadera paz.
Así sea.
• EVANGELIO (Mateo 27, 27-29)
«Entonces los soldados del gobernador llevaron a Jesús al pretorio, y reunieron alrededor de él a toda la compañía; y desnudándole, le echaron encima un manto de escarlata, y pusieron sobre su cabeza una corona tejida de espinas, y una caña en su mano derecha; e hincando la rodilla delante de él, le escarnecían, diciendo: ¡Salve, Rey de los judíos!».
• REFLEXIÓN
Cristo tiene derecho a reinar sobre todas las criaturas, no sólo porque es el Hijo de Dios, sino también porque nos ha rescatado con su sangre (Quas Primas, 12). «Él abrazó nuestra muerte, nuestro dolor, nuestra pobreza, nuestras fragilidades y nuestras miserias. Se dejó insultar y que se burlaran de él, para que en cualquier humillación ninguno de nosotros esté ya solo. Subió a la cruz, para que en todo crucificado de la historia esté la presencia de Dios. Este es nuestro rey» (Francisco, Homilía, 20 de noviembre de 2022).
• ORACIÓN FINAL
Señor Jesús, haz nuestros corazones mansos y humildes como el tuyo, para que, rendidos a tu amor y revestidos con tu bondad y tu dulzura, seamos instrumentos de tu paz en el mundo y alcancemos la herencia de tu Reino.
Cristo, Rey nuestro,
¡Venga tu Reino!
• ORACIÓN INICIAL
Señor Jesucristo,
Rey del universo y de nuestros corazones, tú que viniste a reconciliarlo todo en ti y a instaurar el Reino de verdad y de vida, de santidad y de gracia, de justicia, de amor y de paz, te reconocemos como nuestro único Señor.
Queremos que reines en nuestras vidas, en nuestras familias y en la sociedad. Concédenos vivir en comunión fraterna, siendo corresponsables en la misión de hacer presente tu Reino con alegría, entrega y fidelidad. Haz que, siguiendo tu ejemplo de humildad y servicio, trabajemos por una sociedad más justa y fraterna, donde todos reconozcan tu señorío y encuentren en ti la verdadera paz.
Así sea.
• EVANGELIO (Juan 19, 17-19)
«Y él, cargando su cruz, salió al lugar llamado de la Calavera, y en hebreo, Gólgota; y allí le crucificaron, y con él a otros dos, uno a cada lado, y Jesús en medio. Escribió también Pilato un título, que puso sobre la cruz, el cual decía: Jesús Nazareno, rey de los judíos»
• REFLEXIÓN
En la cruz Jesucristo se revela como Rey de la paz. No gobierna desde un trono de poder, sino de uno de amor y misericordia donde reconcilia al cielo y la tierra. No está coronado con la gloria del oro, sino con las espinas de nuestros pecados. La cruz es la cátedra de la paz. Desde allí, Jesucristo nos enseña una paz que no domina, sino que edifica la historia transformando los corazones. «Esta es la paz de Cristo resucitado, una paz desarmada, desarmante y también perseverante, que proviene de Dios, que nos ama a todos incondicionalmente» (Papa León XIV, Urbi en Orbi, 8 de mayo de 2025)
• ORACIÓN FINAL
Señor Jesús, haz nuestros corazones mansos y humildes como el tuyo, para que, rendidos a tu amor y revestidos con tu bondad y tu dulzura, seamos instrumentos de tu paz en el mundo y alcancemos la herencia de tu Reino.
Cristo, Rey nuestro,
¡Venga tu Reino!
• ORACIÓN INICIAL
Señor Jesucristo,
Rey del universo y de nuestros corazones, tú que viniste a reconciliarlo todo en ti y a instaurar el Reino de verdad y de vida, de santidad y de gracia, de justicia, de amor y de paz, te reconocemos como nuestro único Señor.
Queremos que reines en nuestras vidas, en nuestras familias y en la sociedad. Concédenos vivir en comunión fraterna, siendo corresponsables en la misión de hacer presente tu Reino con alegría, entrega y fidelidad. Haz que, siguiendo tu ejemplo de humildad y servicio, trabajemos por una sociedad más justa y fraterna, donde todos reconozcan tu señorío y encuentren en ti la verdadera paz.
Así sea.
• EVANGELIO (Lucas 23, 39-43)
«Uno de los malhechores allí colgados le insultaba, diciéndole: –¡Si tú eres el Mesías, sálvate a ti mismo y sálvanos a nosotros! Pero el otro reprendió a su compañero diciendo: –¿No temes a Dios, tú que estás sufriendo el mismo castigo? Nosotros padecemos con toda razón, pues recibimos el justo pago de nuestros actos; pero este no ha hecho nada malo. Luego añadió: –Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino. Jesús le contestó: –Te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso».
• REFLEXIÓN
Desde el trono de la cruz Jesucristo revela su majestad como Rey de misericordia demostrando que el pecado no tiene la última palabra y que «La misericordia de Dios ha puesto un límite al mal» (San Juan Pablo II, Memoria e identidad). La misericordia abre el corazón a la esperanza de ser amados para siempre sin importar «La misericordia es la vía que une a Dios y al hombre, porque abre el corazón a la esperanza de ser amados para siempre no obstante el límite de nuestro pecado» (Francisco, Misericordiae Vultus, 2).
• ORACIÓN FINAL
Señor Jesús, haz nuestros corazones mansos y humildes como el tuyo, para que, rendidos a tu amor y revestidos con tu bondad y tu dulzura, seamos instrumentos de tu paz en el mundo y alcancemos la herencia de tu Reino.
Cristo, Rey nuestro,
¡Venga tu Reino!
• ORACIÓN INICIAL
Señor Jesucristo,
Rey del universo y de nuestros corazones, tú que viniste a reconciliarlo todo en ti y a instaurar el Reino de verdad y de vida, de santidad y de gracia, de justicia, de amor y de paz, te reconocemos como nuestro único Señor.
Queremos que reines en nuestras vidas, en nuestras familias y en la sociedad. Concédenos vivir en comunión fraterna, siendo corresponsables en la misión de hacer presente tu Reino con alegría, entrega y fidelidad. Haz que, siguiendo tu ejemplo de humildad y servicio, trabajemos por una sociedad más justa y fraterna, donde todos reconozcan tu señorío y encuentren en ti la verdadera paz.
Así sea.
• LECTURA (Apocalipsis 17, 14)
«Irán juntos a la guerra contra el Cordero, pero el Cordero los derrotará porque él es el Señor de todos los señores y el Rey de todos los reyes. Y los que él ha llamado y elegido y le son fieles, estarán con él».
• REFLEXIÓN
«El amor vence siempre. ¡El amor vence siempre, como Cristo ha vencido! El amor vence siempre, aunque en ocasiones, ante sucesos y situaciones concretas, pueda parecernos impotente, ¡Cristo parecía impotente en la Cruz! ¡Dios siempre puede más!» (San Juan Pablo II, Mensaje a los jóvenes, Chile, 1987).
Jesucristo, Rey de reyes, el Cordero que ha ganado el Reino para todos en la cruz, nos enseña que su poder es el amor, su majestad, la de las bienaventuranzas y que la fidelidad al Evangelio es el camino hacia la verdadera felicidad.
• ORACIÓN FINAL
Señor Jesús, haz nuestros corazones mansos y humildes como el tuyo, para que, rendidos a tu amor y revestidos con tu bondad y tu dulzura, seamos instrumentos de tu paz en el mundo y alcancemos la herencia de tu Reino.
Cristo, Rey nuestro,
¡Venga tu Reino!












































