«Un viaje maravilloso de la mano de Dios». Juan Carlos Pérez del Corral se despide de su vida laboral después de 24 años de servicio al Regnum Christi

La historia de Juan Carlos Pérez en el Regnum Chirsti comenzó a escribirse, casi por azar, el 14 de enero de 2022 cuando llegó al Colegio Cumbres de Medellín como asistente de dirección de la sección masculina. Ingeniero civil y especialista en finanzas de profesión, pensó de que sería un trabajo transitorio. Lo que no imaginó es que este era solo el inicio de un camino que lo llevaría a descubrir su verdadera pasión: la educación. Hoy, casi 25 años después, se retira de la vida laboral con la satisfacción de haber construido algo más grande que estructuras o edificios, dejando un legado de servicio y excelencia en los Colegios Regnum Christi de Colombia, Venezuela y Ecuador.

Primer director laico de un colegio del Regnum Christi en el territorio, impulsor de la creación y consolidación de la Oficina de Colegios, formador de un equipo territorial de apoyo y promotor de un sistema de gestión escolar compartido, Juan Carlos deja una huella marcada por la cercanía, la fe, el servicio y la convicción de que educar es transformar vidas. En esta entrevista, comparte algunos recuerdos y aprendizajes de este “viaje maravilloso de la mano de Dios”.

Juan Carlos Peréz cuando era director del Colegio Cumbres Medellín durante la celebración del día del director

¿Cómo llegaste a trabajar con el Regnum Christi?
En medio de la crisis de empleo que vivía el sector de la construcción, mi madre, que en paz descanse, le hizo llegar mi hoja de vida a su primo Álvaro del Corral, quien era entonces director administrativo del Regnum Christi en Colombia. Él, a su vez, se la envió al director del Cumbres Masculino de Medellín, por allá en el 2001. Yo fui al colegio por cortesía, simplemente a dar las gracias por haberme tenido en cuenta, porque no me veía trabajando en un sector tan distinto al de la construcción. Sin embargo, al final me terminé quedando.

¿Qué te enamoró del proyecto educativo del Regnum Christi y te hizo permanecer en él durante tantos años?
Me enamoró su propuesta de formación católica, basada en valores, que lleva al liderazgo de servicio, no solo para los estudiantes, sino también para los colaboradores y sus familias. Dicho en forma coloquial, fue descubrir que podía tener a Dios en la oficina, sin tener que salir a buscarlo cuando el trabajo me dejara tiempo.

Juan Carlos, acompañado de su esposa Natalia “Naty” Gómez, con quien está casado desde hace 33 años, y de sus hijos: María José y Luciano.

¿Cómo ha cambiado la educación desde que comenzaste hasta hoy? ¿Qué desafíos educativos te quitaron más el sueño y cuáles te dieron más esperanza?
La educación ha cambiado muchísimo. Sin embargo, siento que, en los aspectos cognitivos y metodológicos, no siempre ha avanzado al mismo ritmo que el mundo, la tecnología y las nuevas formas de relacionarse, especialmente entre los jóvenes. Ese desfase ha sido uno de los grandes desafíos. Al mismo tiempo, me da esperanza comprobar que nuestra propuesta formativa conserva elementos que no deben cambiar y que siguen siendo vigentes ayer, hoy y siempre: los valores, la espiritualidad fundada en la fe en Dios, la disposición a servir con humildad y el deseo de dar siempre lo mejor de sí mismo.

Todos contamos una historia en la vida, y la mía está llena de cosas bonitas y de Dios gracias a esta organización”

Si pudieras volver al primer día de trabajo con la experiencia que hoy tienes, ¿qué te dirías a ti mismo?
Quizá ahora es muy fácil decir que pude haber cambiado esto o aquello. Pero creo que lo que me enamoró de este proyecto es algo que siempre he buscado en mi vida y que, a pesar de tantos años, sigue vigente y mantiene viva mi vocación de servicio a través de mi trabajo: tener presente a Dios en todo lo que hago y vivo. En otras palabras, en ese momento no era consciente de que, más allá del cargo o del rol que uno desempeña, lo que realmente te define es la misión a la que estás llamado en la vida.

Juan Carlos durante el primer encuentro territorial de directores de colegios RC

¿Qué legado esperas dejar en los colegios y en las personas que acompañaste?
Somos pasajeros en tránsito y, más que hablar de un legado, siento que soy yo quien se lleva un inmenso regalo: muchas relaciones valiosas, grandes aprendizajes y, sobre todo, mucho amor. Si algo espero haber dejado, es la experiencia de haber servido y acompañado a las personas para que pudieran descubrir y dar lo mejor de sí mismas, no solo en su trabajo, sino también en su proyecto de vida.

De los muchos proyectos y logros alcanzados, ¿cuál tiene para ti un significado especial y por qué?
Creo que, aunque todavía es “un bebé en pañales”, el Sistema de Gestión Escolar que construimos con el equipo de la Oficina de Colegios tiene un significado especial. Nos ayuda a centrarnos en lo importante: la alineación con la identidad y el cumplimiento de la misión formativa de nuestros colegios. Esto nos ha dado foco y entendimiento en el diálogo, el relacionamiento y el direccionamiento de nuestros colegios, respetando las características y la historia de cada uno de ellos.

¿Qué momento te hizo sentir con mayor claridad que tu trabajo estaba transformando vidas?
Han sido muchos. Ver a nuestros egresados construyendo sus proyectos de vida, recibir su gratitud y reencontrarme con colaboradores con quienes inicié esta aventura, muchos de ellos ya jubilados, me ha permitido comprobar que el trabajo realizado dejó huella. Verlos bien, saber que siguieron adelante y que, de alguna manera, este camino también hizo parte de sus vidas, me llena de una profunda alegría.

Juan Carlos es un hombre de múltiples aficiones. Apasionado por el deporte, la música y la literatura, ha encontrado en la escritura una forma de expresar sus vivencias y sentimientos. Es autor de dos libros: Tierra Mítica, una obra escrita en homenaje a su madre tras su fallecimiento, y La fiesta del diablito. Actualmente trabaja en la escritura de su tercer libro.

¿Qué mensaje quisieras dejar a los educadores que continuarán esta misión?
Educar es tocar corazones, y eso solo es posible cuando logramos despertar una emoción profunda en quienes acompañamos. Si no hay emoción, difícilmente habrá aprendizaje verdadero, porque la razón por sí sola no basta para transformar una vida.

Si tuvieras que escribir el título de este capítulo de tu vida que hoy concluye, ¿cómo se llamaría y por qué?
“Un viaje maravilloso de la mano de Dios”. Esta historia no hubiese sido posible sin Él. Jamás me hubiera imaginado trabajando en educación. En el libreto que había escrito la vida para mí no se asomaba esta posibilidad. Ya ves, la razón se agota… Hay que dejarse sorprender por Dios.

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