«Salimos con el corazón encendido». 33 señoras de Caracas vivieron su cursillo anual
Del 5 al 8 de marzo, treinta y tres mujeres de la localidad de Caracas se reunieron en la Casa Santa María de los Altos para vivir un cursillo centrado en la misión evangelizadora. Durante cuatro días, acompañadas por cuatro sacerdotes Legionarios de Cristo y una Consagrada del Regnum Christi, encontraron en la pausa «una oportunidad para volver a lo fundamental».
Cuatro días para preguntarse qué significa ser apóstol hoy
El cursillo giró en torno a una pregunta: ¿qué significa ser apóstol hoy?. La respuesta dió apertura a la temática «Anunciaremos tu reino», con un acento claro en el celo apostólico y la pasión por evangelizar. Más que un marco teórico fue un espacio donde hablar, escuchar y dejarse cuestionar, y eso se notó en lo que cada una se llevó al final.

Sonrisas al cierre de una noche que, para muchas, fue también el inicio de algo nuevo.
Para algunas participantes, el cursillo funcionó como un reencuentro con lo esencial de su relación con Dios. «Yo me he sentido mucho más acogida por Dios», confió una de las participantes. Otras lo describieron como algo inesperadamente reparador: «Un verdadero bálsamo para mi alma», dijo una de ellas. Y hubo quien encontró algo que quizás llevaba tiempo buscando: «Encontré sentido».
Un lugar para descansar en Él
La casa de retiros del Regnum Christi en Caracas, Santa María de los Altos hizo lo suyo. El ambiente del lugar ayudó a crear las condiciones para ese tipo de descanso interior que pocas veces se consigue en medio de la rutina. Kelsy Ferrer de Zubillaga lo describió como «el resort de Papá Dios, un sitio para descansar en Él». Un verdadero «reseteo espiritual».

Una de las actividades del cursillo fue la feria de apostolados que buscó un espacio para descubrir dónde y cómo seguir yendo al encuentro.
Del descanso interior al compromiso hacia afuera
Al final del cursillo la invitación fue desde dentro hacia afuera: «Descubrir nuevos caminos para llegar a Dios», «Amar a Cristo», «Seamos apóstoles». Frases que concluyeron las asistentes como compromisos nacidos desde adentro. «Salimos con el corazón encendido y listas para dar testimonio», escribieron las propias participantes al compartir la experiencia. Treinta y tres mujeres que entraron en pausa y salieron en movimiento. Eso, al final, es lo que hace que un cursillo valga la pena.
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