«Volvería a decir sí». Elizabeth Montoya, Consagrada del Regnum Christi, celebra 25 años de decirle si a Dios

Elizabeth Montoya cumple 25 años de vida consagrada en el Regnum Christi. Nació en Medellín en 1967 y hoy es líder de vida cristiana en el preescolar del Colegio Cumbres de esa ciudad. Estudió la licenciatura en Educación y Desarrollo en la Universidad Anáhuac y Ciencias Religiosas en el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum. Se consagró el 22 de agosto de 2001, y desde entonces su misión la ha llevado por México, Colombia, Venezuela y Brasil, donde ha trabajado en la administración y en la pastoral con adultos, jóvenes y comunidades educativas.

A continuación encontrarán su entrevista.

¿Qué ha sido lo mejor de estos años?

Lo mejor de estos años ha sido descubrir cada día con mayor profundidad el amor fiel de Dios que ha sostenido mi vocación. He aprendido que la verdadera alegría nace de saberse hija amada del Padre y de responder con generosidad a su llamado. Cada experiencia tanto de gozo como de dificultad ha fortalecido mi fe, ha purificado mi corazón y me ha permitido crecer en el amor, el servicio y la entrega. Hoy doy gracias a Dios por el don de la vida consagrada en el Regnum Christi que me ha enseñado a seguir a Cristo, como el mayor regalo y que en Él encuentro la plenitud, la paz y el sentido de mi vida.

¿Qué te ha sostenido?

La certeza del amor incondicional de Dios y la confianza de que nunca camina lejos de mí. Me ha fortalecido la oración, la eucaristía, la Palabra de Dios y la vida fraterna que han sido fuente de consuelo y esperanza en todos los momentos de mi vida.

Elizabeth, en el centro con buso negro acompñada de la comunidad de Consagradas del Regnum Christi en Medellín

¿Qué has aprendido?

He aprendido que la vocación consagrada es un llamado personal y gratuito de Dios a seguir a Cristo con un corazón indiviso, viviendo los consejos evangélicos de pobreza, castidad y obediencia. Un camino de amor, entrega y servicio a la Iglesia y al Regnum Christi en el que la oración, la vida fraterna y la misión se convierten en expresión concreta del seguimiento de Jesús. He aprendido y comprendido que este camino es un testimonio de esperanza que anuncia con la propia vida que Dios es el bien más grande y que vale la pena entregarse completamente a Él.

¿De qué te has desprendido?

De apegos, miedos y deseos de control, aprendiendo a confiar más en Dios y a poner mi vida al servicio de los demás con un corazón libre y generoso.

¿Qué te ha sorprendido?

La fidelidad de Dios, la alegría que nace de la entrega y la profundidad del amor que se experimenta al vivir la vocación como el don más preciado que una pueda recibir.

¿Qué ha cambiado en ti?

Mi manera de mirar a Dios, a los demás y a mí misma, he aprendido a confiar más en el Señor, a valorar el silencio, la oración y a descubrir que la verdadera felicidad nace de amar y servir con generosidad. He crecido en mi relación personal con Cristo como alguien cercano que me ama y me conoce, que ha entregado su vida por mí.

¿Qué es lo que más te ha costado?

Renunciar a mis propios planes y aceptar que el crecimiento espiritual requiere paciencia y perseverancia. Desprenderme de ciertos apegos y vivir con humildad reconociendo que necesito de Dios cada día para responder con fidelidad a su llamado.

Eli,primera a mano izquierda en el primer encuentro territorial de las Consagradas del Regnum Christi de Sudamérica

¿Qué has atesorado?

Una fe más profunda, la paz que nace de la oración, la vida fraterna y la alegría de descubrir cada día el amor fiel de Dios. Mateo 13,44 «El Reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en un campo, al encontrarlo un hombre lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va, vende todo lo que tiene y compra aquel campo»

Si pudieras hablar con la joven que eras el día en que dijiste tu primer «sí» a Dios, ¿qué le dirías sobre lo que ha significado este camino de consagración?

No tengas miedo, el sí que hoy pronuncias cambiará tu vida para siempre, habrá momentos de alegría inmensa y también de cruz, de dudas y cansancios, pero nunca caminarás sola, descubrirás que Dios es infinitamente fiel y que siempre sostiene a quien confía en Él. Con el paso de los años comprenderás que cada renuncia ha sido una oportunidad para amar más, que cada prueba ha fortalecido tu fe y que tu plenitud de vida es pertenecer completamente a Cristo. Si hoy pudiera volver a elegir, volvería a decir sí con un corazón aún más libre, agradecido y enamorado: «He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra»

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