Colabs ECYD 2026 «Le dije «sí» a Dios con lo poco que tenía de Él y me alivió»

Para la mayoría de los adolescentes, las vacaciones de mitad de año son sinónimo de descanso. Para muchos miembros del ECYD en todo el mundo, el verano es un tiempo para crecer en el amor a Cristo y a los demás viviendo unas semanas de misión, formación y servicio como Colabs ECYD.

Este año, Quito abrió por primera vez sus puertas como sede para seis colaboradores ECYD. Además, otras veinte adolescentes del territorio se lanzaron a vivir esta aventura en países como España, Chile, Francia, México y Venezuela, donde se tenía prevista una sede en Caracas, que al final tuvo que ser cancelada debido a la situación causada por los terremotos en este país.

Los colaboradores ECYD 2026 durante su visita al Colegio Highlands de Quito

«Un verano que jamás olvidaré»: Colabs ECYD en Quito

Del 13 de junio al 6 de julio de 2026, la sede de Quito recibió a cinco adolescentes mexicanas y a un español que llegaron para vivir una experiencia de misión lejos de casa, la sede femenina estuvo a cargo de las Consagradas del Regnum Christi Danna Kennedy y Celina Romero, y contaron con el acompañamiento del P. Erik Burckel LC. Durante esas semanas los colabs ECYD sirvieron en el colegio Highlands de Quito, en el comedor comunitario El amor nos une -obra apostólica del Regnum Chirsti en esta ciudad- y, especialmente, en el Cursillo ECYD, donde acompañaron como formadoras a un grupo de 21 adolescentes ecuatorianas, quienes profundizaron en el seguimiento de Cristo a través de espacios de formación, oración y convivencia.

Las cinco colaboradoras de México y el colaborador de España, junto a la consagrada responsable del programa y el colaborador del Regnum Christi, en el colegio Highlands de Quito

Para Sara Hernández, de México, servir como Colab ECYD en Quito dejó una huella profunda:

«Este verano fue muy especial e importante porque viví una experiencia inolvidable donde aprendí más de Dios, ayudé a los demás, hice muchos amigos y aprendí a valorar cada detalle. Fue un verano impresionante que marcó mi vida espiritual y que jamás olvidaré».

Grupo de las 21 adolescentes del Cursillo ECYD 2026 en Quito, junto al equipo de formadores, las consagradas y las colaboradoras ECYD que las acompañaron.

Caracas: la sede que este año no pudo ser

En Venezuela, once colaboradoras de Barquisimeto, Carora y Acarigua se preparaban para vivir su verano en la sede de Caracas, prevista del 4 al 25 de julio. Aunque esta tuvo que cancelarse tras la situación causada por los terremotos, el Cursillo de Colaboradoras ECYD 2026 ya había dejado una huella profunda: allí se conocieron, se formaron juntas y descubrieron con más claridad el sentido de servir y caminar en equipo.

Así lo expresó Sophia Primera: «Este fin de semana pudimos conocer más de cerca que el ECYD no es solo unas reuniones, sino trabajo, vida y acompañamiento en equipo, para no llegar solo al cielo».

Del territorio al mundo

Nueve colaboradoras cruzaron fronteras para vivir esta experiencia entre América Latina y Europa. De Quito, dos viajaron a Santiago de Chile y a Mérida, en México. De Bogotá salieron cinco hacia destinos diversos, entre ellos Costa Rica, París, Santiago de Chile y Madrid. Y desde Medellín, dos cruzaron el Atlántico rumbo a España, hacia Sevilla y Madrid.

Susana Mejía, primera a la izquierda, durante una visita al centro histórico de Madrid, ciudad donde vivió su mes como colaboradora del ECYD.

Una de ellas, Susana Mejía, de Medellín, vivió su colaboración en Madrid. Así resumió lo que fue ese mes para ella:

«Le dije «sí» a Dios con lo poco que tenía de Él y me alivió, me sostuvo cuando me sentía más débil y me llenó de su amor cuando ya no sabía lo que era. Comprendí que Dios sí cambia vidas, porque cambió la mía, transforma la forma en la que vemos el mundo. A mí me cambió por completo. Ya no veo las calles ni a las personas igual, ahora las veo con los ojos de Él. Me confirmó que está aquí, a mi lado, en lo bueno y en lo difícil, incluso cuando lo sentía más lejos».

Algunas vivieron su verano lejos de casa y otras de forma inesperada se quedaron con la maleta lista, esperando una sede que este año no pudo ser. En unas y en otras se ve lo mismo: adolescentes que eligieron entregar su tiempo, el ECYD que sigue formando y enviando, incluso cuando las circunstancias obligan a esperar. Lo que se vivió este verano no se borra, y lo que quedó pendiente encontrará su momento.

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