Entrevista al H. Dubán Camilo Corredor LC, próximo diacono «La vocación al sacerdocio significa descubrir dónde está la verdadera felicidad y tener el valor de ir detrás de ella»

El H. Dubán Camilo Corredor Botía, LC, será ordenado diácono el sábado 17 de octubre de 2026 a las 10:00 am (11:00 am hora de Colombia) en la parroquia Cristo Redentor, en El Salvador. Presidirá la ceremonia Mons. Giancarlo Dellagiovanna, nuncio apostólico en El Salvador. La celebración se transmitirá en directo por el canal de YouTube del Regnum Christi El Salvador.

Dubán nació el 15 de junio de 1997 en Duitama (Boyacá) y es el segundo de 4 hermanos de una familia católica. Entró a la Legión de Cristo el 15 de junio de 2014, el día en que cumplía 17 años, e hizo el noviciado en Caracas, donde se preparó para sus primeros votos en 2016. Estudió humanidades en Monterrey (México) y, desde 2017, filosofía en Roma. En 2020 fue enviado a Centroamérica para sus prácticas apostólicas, como promotor vocacional y auxiliar en la sección de jóvenes de El Salvador, el mismo país donde ahora recibirá el diaconado. Volvió a Roma en 2023 para estudiar teología y en junio de 2025 hizo su profesión perpetua.

En esta entrevista, podremos conocer un poco más sobre su historia vocacional:

¿Qué lo llevó a pensar en ser sacerdote?  

Creo que una de las cosas que más me llevó a pensar en el sacerdocio fue la generosidad: el deseo de entregarle a Dios no solamente una parte de mi vida, sino todo lo que tengo y todo lo que soy. Con el tiempo entendí que Dios no te llama simplemente a tener una vida buena, sino a una vida divina, una vida en la que Él pueda tomar tus sueños, tus capacidades, tus limitaciones y ponerlos al servicio de algo mucho más grande. El sacerdocio comenzó a aparecer en mi corazón como una invitación a entregarlo todo por Cristo y por los demás. 

¿Cómo fue su «sí» al Señor?  

Mi “sí” no fue algo espectacular ni ocurrió en medio de grandes acontecimientos. Fue en un momento de silencio, delante de Cristo Eucaristía. Estaba frente al Santísimo Sacramento y, en ese silencio, fui entendiendo que Jesús no solamente me estaba invitando a hacer algo por Él, sino que me estaba invitando a entregarle mi vida. Creo que muchas veces esperamos que Dios nos hable con grandes señales, pero a mí me habló en el silencio. Fue ahí donde mi corazón pudo escuchar y responder: «Sí, Señor, aquí estoy». 

 ¿Qué papel juega la familia del Regnum Christi en su experiencia vocacional?  

Ha tenido un papel muy importante. La familia del Regnum Christi ha sido para mí un lugar donde he podido madurar, ser acompañado y crecer en mi amistad con Cristo. La vocación no se vive en solitario. Necesitamos personas que nos acompañen, que nos cuestionen, que nos animen y que también nos ayuden a levantarnos cuando las cosas no son fáciles. Para mí, vivir dentro de esta familia significa descubrir que Dios se sirve de muchas personas concretas para acompañarnos en el camino y ayudarnos a responder con mayor libertad y generosidad a su llamada. Es un papel muy importante, porque me ayuda a madurar, me acompaña y me ayuda a crecer en mi amistad con Cristo.  

¿Hubo algún momento en que pensó «esto no es para mí» y qué pasó después?  

Sí, muchas veces. Tanto en momentos alegres como en momentos difíciles, incluso en momentos de enfermedad, me he preguntado si realmente este era el camino que Dios quería para mí. Pero creo que la vocación también se construye en esos momentos de incertidumbre. Lo que hice fue algo muy sencillo: confiar y hablarlo con Dios. No siempre tuve respuestas inmediatas. Pero aprendí que no necesito tener todo claro para seguir caminando. A veces la fe consiste precisamente en decir: «Señor, no entiendo todo, pero confío en ti». Y cada vez que he puesto esas dudas delante de Él, he descubierto nuevamente que vale la pena seguir diciendo que sí. 

¿Qué ha sido lo que más le ha ayudado en su vocación?  

Sin duda, la compañía de verdaderos instrumentos de Dios, mi familia y la comunidad. He tenido la gracia de encontrar personas que, con su vida, me han mostrado a Cristo. Personas que quizá nunca pretendieron enseñarme algo, pero cuya fidelidad, alegría, sacrificio y entrega se convirtieron para mí en un testimonio. También la comunidad ha sido fundamental. Porque cuando uno camina acompañado, descubre que no tiene que cargar solo con todo. Hay hermanos que rezan contigo, que te sostienen, que te corrigen, que te animan y que te recuerdan por qué comenzaste. 

Si pudiera quedarse atrapado por un momento en cualquier momento de los Evangelios, ¿en cuál sería y que haría?   

Me quedaría en los últimos versículos del evangelio de san Juan, en ese encuentro entre Jesús y Pedro: «Pedro, ¿me amas?». Me conmueve profundamente porque Jesús no le pregunta primero por sus capacidades, por sus éxitos o por sus errores. Le pregunta si lo ama. Y después de todo lo que Pedro había vivido, Jesús vuelve a confiar en él y le dice, en cierto sentido: «Sígueme». También me impacta mucho esa última frase de Jesús: «A ti qué te importa. Tú sígueme». Creo que esa frase resume mucho de la vocación. Porque muchas veces podemos compararnos, mirar el camino de los demás o preguntarnos por qué Dios permite unas cosas y otras no. Pero Jesús vuelve a lo esencial: «Tú sígueme». Si pudiera estar ahí, simplemente me quedaría contemplando esa escena y le pediría a Jesús la gracia de poder responderle como Pedro: «Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo». 

 ¿Qué le diría a un joven que está discerniendo si Dios le llama a la vida consagrada?  

Que no tengas miedo de preguntarle a Dios qué quiere de su vida. No tengas miedo de descubrir que quizás te está llamando a algo mucho más grande de lo que tú habías imaginado. Si estás buscando la plenitud, busca a Cristo. Porque Cristo no quita nada; lo da todo. La vocación no significa renunciar a ser feliz. Significa descubrir dónde está la verdadera felicidad y tener el valor de ir detrás de ella. Por eso, si un joven siente que Dios puede estar llamándolo, le diría: entra en silencio, ponte delante de Cristo, háblale con sinceridad y pregúntale: «Señor, ¿qué quieres de mí?» También ten el valor de escuchar. Porque quizá detrás de esa inquietud que tienes no hay simplemente una idea, quizás hay una invitación de Dios a entregarle toda tu vida.  

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