Véronique Chevrier celebra 30 años como Consagrada del Regnum Christi y repasa su camino desde Canadá hasta Medellín

Véronique Chevrier, Consagrada del Regnum Christi, cumplió 30 años como Consagrada del Regnum Christi el 22 de agosto. El aniversario la encuentra en Medellín, donde es docente del Colegio Cumbres.

Véronique creció cerca de la capital de Canadá, en una familia de 4 hijos que hoy suma 9 nietos. Se consagró en 1996 y desde entonces ha trabajado en Estados Unidos, México, Canadá, Francia y Bélgica, acompañando a adolescentes y familias en diferentes apostolados. En Roma retomó sus estudios de teología bíblica en la Universidad Gregoriana. Hoy forma parte del territorio de las Consagradas del Regnum Christi en Sudamérica.

En esta entrevista Véronique nos cuenta de su vida y de su vocación.

Veronique el día de su consagración

¿Qué ha sido lo mejor en estos años?

Ir a su casa en Israel. Se lo había pedido dieciocho años antes de ir, era mi sueño. Pero le dejé escoger el momento y Él escogió. Un mejor momento imaginable, imposible. Si tienen la posibilidad de ir, vayan.

¿Qué te ha sostenido?

Nunca, pero nunca, hubiera perseverado sin Jesucristo. Le he pedido esa gracia muchas veces sin saber hasta qué punto iba a ser absolutamente necesaria. Pero en cuanto a las cosas sobre las cuales tenía potestad, por un lado, creo que fue muy importante para mí haber visto a mis propios padres de familia luchar toda su vida por su matrimonio, renovar su amor vez y otra vez. Entendí que el amor se construye cada día. En ese sentido, he intentado realmente rezar cada día, pero sin permitirme un solo día fingir el rezar. Después, el ejemplo visual de María asunta, subiendo al cielo, que me fijó el lema de mi vida: “María, mantén mis ojos en Él”, cosa que parece mucho más sencilla que lo es en realidad, porque tantas cosas, incluso cosas muy profundas, jalan sobre el corazón en otra dirección. Finalmente, creo que el arte de reflexionar que mis papás estudiaron y luego me enseñaron, también ha sido clave en momentos de crisis. Soy muy emotiva y puedo ser bastante impulsiva, pero el pensar profundamente, en la medida de lo posible, me ha impedido tomar grandes decisiones precipitadamente y me ha ayudado a relativizar el sufrimiento.

Veronique con los adultos de su familia en la boda de su hermana

¿Qué has aprendido?

No diría que he terminado, pero la grande pregunta de mi vida ha sido: “¿Qué significa amar y ser amado?”, y considero que ha sido el aprendizaje más grande e importante de mi vida. A parte de esto, ¡tantísimas cosas de tanta gente! 

¿Qué te ha sorprendido?

Por un lado, lo duro que es la cruz. Era muy idealista y quería sufrirlo todo por Cristo. Sin embargo, cuando vino la cruz, me di cuenta que, en esos momentos, no existen palabras, sólo su compañía. Por otro lado, me ha sorprendido su gracia. Podemos imaginar mil dificultades, pero es casi imposible imaginar las facetas tan sorprendentes, potentes, grandiosas, íntimas, chistosas, personales, reales, variadas y bellas de la gracia de Dios. Él es tan creativo y tiene toda la historia en sus manos, todo lo puede usar para sorprendernos, y cuando se lo dejamos, lo hace con tantísimo gusto. Así ha sido, por ejemplo, el día de mi 25º aniversario de consagración. Si no recuerdo mal, llegué a contar 67 detalles sumamente significativos y personales de parte de Cristo a través de los demás.

¿De qué te has desprendido?

Vivir la pobreza, la castidad y la obediencia es un camino de desprendimiento para que Él y sólo Él sea el terreno en el cual nos movamos. Aun así, creo que podría nombrar un desprendimiento que resalta: el soltar la creencia que yo puedo poseer a Dios para darle a los demás, pero es al revés. Nosotros participamos de Él y, sólo «enchufados» en su Viña, algo de Él desborda hacia los demás a través de nosotros.

¿Qué ha cambiado en ti?

Mi interior era un caballo salvaje, sediento y autosuficiente. Hoy, algo de esto queda, definitivamente, pero ya pertenezco a alguien que me nutre, me educa, y me abre progresivamente a los demás en modo más verdadero.

¿Qué es lo que más te ha costado?

Aceptar ser un espíritu encarnado, definitivamente: conectar con mis sentimientos y dejar que Dios y los demás entren ahí. En esa apertura, he encontrado la libertad interior de los hijos de Dios.

¿Qué has atesorado?

Ha sido difícil atesorar algo porque he cambiado de lugares tantísimas veces en mi vida. Sin embargo, creo que podría decir que la Biblia es lo que he empezado a atesorar más últimamente. Gracias a otros, pude estudiar la teología bíblica. Si tienen la posibilidad de profundizar en su palabra, se los recomiendo. Una vez que uno empieza, es una caja de sorpresas y de maravillas cada día.

Si pudieras hablar con la joven que eras el día en que dijiste tu primer “sí” a Dios, ¿qué le dirías sobre lo que ha significado este camino de consagración?

Esto es como pedir que alguien ponga en palabras la belleza de la basílica San Pedro sin poder verla. Pero si pudiera explicarlo sería:

  1. Le diría que el camino de la vida cristiana es el camino de la vida de María. Nunca subestimar todo lo que sabemos de ella y todo lo que ella nos enseña. Ella es el secreto para aprender a amar a Dios y a los demás.
  2. Le diría lo que un sabio sacerdote, el P. Walter Bartnicki, LC, me ha dicho durante mi formación cuando le pregunté si todos podíamos llegar a la unión del alma con Dios o a la santidad: «Si vas para el aeropuerto y te paras en la gasolinera, no te quedes ahí, continúa hasta que llegues al aeropuerto».
  3. Ser laica consagrada es, como en el Antiguo Testamento, aceptar recibir el mundo entero de parte del único Padre, incluyendo la recepción de uno mismo; como en los Evangelios, intercambiar el mundo entero, incluyéndote a ti misma, por el Hijo de Dios; y como en el resto del Nuevo Testamento, dejarte llevar al mundo entero por el Espíritu del Padre y del Hijo para cantar su gloria.

 

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