«Los llamo AMIGOS» El documental de una amistad que está tocando corazones en todo el mundo
David Baena y Juan Diego Salazar: una amistad que apunta al cielo
Una amistad que te desafía a rezar, que va a misa contigo o que sale de misiones en vacaciones se ha vuelto algo difícil de encontrar para muchos jóvenes. Más difícil todavía de sostener. Y sin embargo, existe. Existió durante casi dos décadas entre dos colombianos que se conocieron a los tres años en el colegio Cumbres Medellín y que eligieron, mientras crecían, poner a Cristo en el centro. Esa es la historia de «Los llamo AMIGOS. David y Juan Diego: amigos para la eternidad», el documental del P. Fernando Morales LC que desde su lanzamiento llegó: sin campaña publicitaria, sin estrategia de medios; a corazones en Roma, México, Argentina, Estados Unidos y a cada rincón de Colombia.

A los 14 años, David y Juan Diego fundaron «Regalando Sonrisas», un proyecto de servicio a niños de escasos recursos y madres cabeza de familia que sostuvieron hasta los últimos meses de su vida. Desde siempre habían participado en misiones desde los cuatro o cinco años. La fe no llegó de golpe después de una experiencia fuerte. Fue una elección que repitieron cada día, en la escuela, con los amigos, en familia. Es eso lo que el documental captura.
Una amistad que apuntó siempre al cielo
David Baena y Juan Diego Salazar eran dos jovenes del Regnum Christi Medellín, en muchos sentidos, opuestos. David era extrovertido, deportista. Juan Diego, más reservado y reflexivo. Juntos, con su inseparable amigo Simón Pardo formaban lo que sus amigos llamaban el dream team: no por los planes que hacían, sino porque se impulsaban mutuamente a ir a misa, a rezar, a participar en los apostolados del Regnum Christi. Cuando David conoció la historia del entonces beato Carlo Acutis, el joven italiano que vivió su fe con una coherencia que muchos adultos envidiarían, algo en él cambió. Ver que la santidad era posible a su edad lo motivó a vivir la castidad y el apostolado con más convicción.
5 de diciembre de 2021, el día que lo cambió todo
Ese domingo, David y Juan Diego estaban en la mitad de su año de colaboradores, regresaban en un carro de un retiro espiritual en el Desierto de la Tatacoa junto a su amigo Steven Giraldo y el P. Jorge Herrera LC, sacerdote mexicano ordenado hace unos pocos meses atrás. En la vía, el vehículo chocó con un bus. Los cuatro fallecieron.
Para sus familias, ese día partió la vida en dos. Marta y Octavio, padres de David, lo llaman internamente «los aterrizajes forzosos». Carolina y William, padres de Juan Diego, describen un proceso que no termina, pero que el documental ayudó a sostener: «Ha sido un proceso que reafirmó nuestro conocimiento sobre su anhelo de cielo», dicen, «y evidenció que el vínculo entre ellos no era únicamente para este mundo».

Carolina Román y William Salazar, padres de Juan Diego Salazar
Un documental que «Dios se encargó de difundir»
Las visualizaciones se multiplicaron en días. Marta, la mama de David nos cuenta: «Los mensajes llegaron de Roma, México, Argentina, Estados Unidos y de todas las ciudades de Colombia: sacerdotes, consagradas, familias, jóvenes que nunca habían tenido contacto con el Regnum Christi». Complementó diciendo: «Cuando las cosas son de Dios, Él se encarga. Como yo digo: Él no necesita community manager. Él solo hace que las cosas funcionen y tengan impacto». El documental recorre la amistad a través de testimonios de amigos, familiares y sacerdotes, con el padre Fernando narrando desde Asís la conexión entre estas vidas y las de los testimonios recolectados.

Marta y Octavio Baena, padres de David Baena
Las familias cuentan cómo vivieron el documental
Para los Baena, ver el documental en familia fue dos cosas a la vez: «La primera es que inevitablemente nos revuelca todo por dentro. Es revivir ese momento tan doloroso. Fue muy fuerte, muy intenso. La segunda es que también lo vimos con mucha ilusión y esperanza. Nos sirvió de consuelo, nos refrescó la memoria de esa amistad que ellos conservaron y cultivaron en esta tierra, que los llevó al cielo». No solo recuerdos: también confirmación. Ver las fotos de cuando eran pequeños, la coherencia de toda una vida orientada en la misma dirección, les dio algo que un padre que ha perdido un hijo necesita: saber que el camino tenía sentido. «Nos mirábamos entre lágrimas y risas», cuentan.
Para Carolina y William, lo que más los impactó fue algo que nadie organizó: «Nos impactó notar cómo, sin previo acuerdo, los testimonios de amigos y sacerdotes coincidían en lo mismo: que la amistad entre Juan Diego y David se fortalecía precisamente por tener a Cristo como centro». Personas que no se coordinaron, que hablaron desde lugares distintos, que llegaron a la misma conclusión. Eso no se inventa.
Para quienes aún no lo han visto
Jesús, en el evangelio de Juan, no llama a sus discípulos siervos sino amigos. Es ese llamado el que David y Juan Diego tomaron en serio desde niños, y el que el documental devuelve a quienes lo ven. Para las familias, la historia continúa. Para quienes aún no lo han visto, la invitación es sencilla: verlo.
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